El vigia de la ola

 

El amor ha de ser el ímpetu del mar;

la ola de un huracán que no nos pertenece

pero que nos arrebata.

El amante es el que espera

sentado en la playa a que lo arrebate la ola,

no, no el amante,

yo, yo espero el ímpetu del mar

espero la ola inmensa que llegue

y me destroce contra las rocas del amor-

hasta que de mi no quede nada y-

solo quede la marea boba,

 la calma chicha, la paz turbulenta,

el remolino atrayente que te devuelve a la cresta y

te vuelve a hacer caer

y te vuelve a destrozar los huesos de un corazón inexistente,

los huesos inexistentes de un corazón ausente.

Así ha de ser el amor:

    una ola de cientos de metros,

    un ímpetu furioso e incontrolable.

Y así ha de ser el amante:

    el ser humano diminuto

    que la ve venir y abre los brazos

    y extiende los brazos como un ave de mar,

como un pobre tonto

y se deja ser destrozado por lo desconocido.

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