Carta a los enamorados…

Carta a los enamorados.

 

Benditos los que no saben lo que tienen,

ojala y les dure la ignorancia para siempre,

por que “Siempre” no es demasiado:

para ustedes el tiempo

nunca será suficiente.

 

Sean buenos hoy,

y háganse el amor

como yo quisiera hacerlo.

Destrócense en una batalla de sexo,

desgárrense las carnes a besos

y regocíjense del uno al otro,

por ser únicos y hermosos,

en múltiples formas y ocasiones.

 

Agradezcan a los dioses

del destino y del amor:

ese pedazo de gloria,

ese retazo de cielo,

que son los fundidos corazones.

 

Y todos los que esperan: búsquense,

la vida le da sustos a uno a cada rato.

Todo amanecer es una apuesta al destino,

cada día una oportunidad de hallazgo,

una nueva sesión de sueños.

Recuerden que amar es la aventura perfecta,

la mas arriesgada, la única, la insalvable.

Sean valientes y díganse:

“Te quiero hoy y para siempre”,

“Quédate conmigo”,

“Ámame como yo te amo”

o “Yo solamente quiero ser

el animal inquieto que caza

en el verde de tus ojos”.

 

Este bosque en el que escribo

 dice muchas cosas de mi mismo,

dice que estoy solo y triste,

y que huyo del amor y de la vida.

No le crean, es mentira,

yo solo espero,

sufro la distancia y el olvido

pero siempre la estoy buscando.

Y si he venido a hacerle compañía,

es por no envenenar de envidia

el corazón de niño que me habita.

 

Hoy también, quiero recordar los instantes de amor que me ha dado el tiempo:

 

La mar dormida y unos niños engañándola, esa noche en que las estrellas de sus pechos se quedaron cosidas a mi alma, y las anduve paseando entre sueños, nostalgias y botellas de vodka a medias y pidiéndoles más a cada rato. Su risa explosiva que me llenaba de amor la mirada, su acento tan mío que llegue a necesitar. Lo fácil que era amarnos y la dificultad del espacio, que venció al amor como vencen las aves a los hombres.

 

La ciudad helada que cobijo el escape de unos mas y el frió que se metía en unos pies pequeños y cansados, las calles que hoy recorro a diario y que nos vieron jugar a ser inmortales, los rostros y lugares que saben a ella, a su lengua hermosa e infinita, a la que enseña, a la que contiene la magia de la renovada sorpresa, a la que dio todo y más, a la que me robe sin arrepentimiento, a la que no supe amar como merecía.

 

 

Un malecón furioso y rugiente que nos llenaba de aire y de sal los huesos

(que nos pedía abrazarnos con pretexto), como cansado de nosotros y de nuestro juego viejo de miradas a medias que lo dicen todo y pequeños instantes en que los labios se piden y se mueren del miedo a perderse para siempre, un juego que continua hoy, y hasta que me quede algo de alma entre las manos. Una tarde en que todo parecía hecho para ambos, para oírnos y hablarnos y morirnos en nosotros.

 

Lastima que el tiempo nunca se ha llevado conmigo, parece que juega a decirme: -Mira y sueña, esto es lo que nunca tendrás, lo que no puedes conservar. Mira y ama un rato lo que te hará sufrir por siempre-. Lastima también de mi alma tan cobarde y tan cansada, lastima de mi romántica locura, de mis sueños de poeta maldito, de observador ausente. ¡Y viva mi pasión de amante contrariado!

 

 

 

P.D.

Más puedo decir,

mucho más de cada instante,

mucho más a los amantes,

y también a los que esperan,

pero me gana la voz del viento que me pide mis pasos,

su soledad furiosa que desnuda las rocas y mis manos.

Debo irme ahora,

de nuevo,

a cualquier parte.

 

 

 

 

 

Desde un lugar sin tiempo, Vicho: para todos.

14 de Febrero 2007.

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Una respuesta a Carta a los enamorados…

  1. ʋαLкƔяїɕ dijo:

    Ke diferente al anterior, pues me gusta más ahora, es más descriptivo y salvaje, agresivo y amargo. Empiezo a desentender algunas cosas, mi poesía está corroída y destartalada, pienso limpiarla de vez en cuando y volver a entender, para no perder la costumbre. A ver si me adapto.
    Yo tambien lo recordé, gracias por escribirlo, ese dia fue horrendamente rojo y lluvioso aki, deprimidos mis ojos llovieron hacia mis entrañas.
    Saludos de nuevo, otra sonrisa sincera.

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