Madre, diosa, amante.

 
 
Imagino siglos enteros en la playa,
mar sosegado de aguas tristes y susurrantes.
Y siento ya el ardor hiriente del sol de mayo
o la luna de hielo sobre la bahia dormida,
imagino el vaiven de la hamaca
-hermana perdida de las olas,
pues con su pendulo hipnotico las llama,
las adora,
red de carnes,
refugio igual del sopor del mediodia-
con sus hilos estrechos enredados en tu pelo
y el sabor a sal de tu piel de sirena humanizada,
y tus gemidos de gaviota,
surcando el cielo de mis brazos,
inmoviles baluartes vigias de la pirateria,
del cinismo y las aves de rapiña.
Y estoy corriendo a besos,
los llanos de tu oscura playa,
piel delicada en que mis huellas descansan,
rastro de ron ardiente
por los tiempos de los tiempos.
Y respiro tu voz dormida,
-hilo liquido de amante y purpurea lluvia,
y tu voz es la que busco,
la mia,
identica a la de todos los que te aman-
y tiene el mismo resplandor que el estallido de mi carne con tu cuerpo.
Madre, diosa, amante, altar de mi muerte,
hilo de vida y sombra en el llano desertico de agujas.
 
Mortal angustia mi cajon de muerto de mil pinos,
mi ciudad gris vieja viuda, de mil sangres endeudada.
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Una respuesta a Madre, diosa, amante.

  1. ʋαLкƔяїɕ dijo:

    "y te kedas solo, a esperar […] . Te guardas la sed y el cansancio detrás de las orejas…"
     
     D. V. "Sobre una obsesión". Febrero 2006 (fragmento).

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