Perdidos…

Perdidos.

 

 

Lo encontré tirado en el charco de su propio vomito, mezclado con las inmundicias del local y con el agua de la lluvia que se colaba por el resquicio de la puerta. No lo reconocías, tenia aun los ojos tristes de siempre, pero ahora no veían nada, al intentar levantarlo un puño voló fugaz hacia mi cara, no pude esquivarlo me impacto el cachete y la nariz, ahora igual que él, yacía yo entre las miasmas del piso, ahora revueltas con mi sangre. Eso aun lo tenía, la fuerza extrema y detonante de su espíritu y de sus huesos –No todo esta perdido- me dije, y agarrándolo por los tobillos lo arrastre fuera del local asqueroso que él había escogido para su muerte y lo saque a la lluvia helada de la montaña. Sentado a su lado, repase en mi cabeza las imágenes que en mis recuerdos había de él y llore un rato, despacio, por todo lo que se perdió en el.

 

 

Lo hubieras visto, era impresionante la forma en que la gente lo seguía, ponían en sus manos su destino sin dudar. Si lo hubieras escuchado, hablaba despacio y sin mucho volumen, su voz tenia un timbre atrayente, nunca levantaba la voz para hacerse oír, los demás callaban cuando el hablaba. Y decía poco en realidad, sus ojos, esos ojos tristes y penetrantes decían mas que un libro, cuando te hablaba no te miraba siempre a los ojos, solo de repente los dejaba caer en ti, explicándote lo que sus palabras no decían. No se como la hacia, nunca pude hacerlo, una ves me dijo –La gente no esta acostumbrada a que le claves tu mirada, hazlo cuando lo requieras nada mas, pero cuando lo hagas mete en tus ojos eso que quieres decirles pero que prefieres callar-, nunca pude hacerlo.

Era realmente atrayente, habían veces en que teníamos que decidir sobre algo y el callaba siempre fuera del grupo, nunca podíamos decidir nada, el se adelantaba y sin alzar la voz nos explicaba el problema paso a paso y luego nos daba la solución,     

 -Hablan como monos pero no piensan, todos quieren hacerse oír aunque no sepan las respuestas, escucha primero, todos tienen un pedazo de información, pero nadie sabe oír-. Siempre me decía cosas así, nunca pude ver las cosas tan claras, por eso lo escuchaba.

 

Lo conocí en la profesional, era un joven seco y más alto que yo, de facciones bellas pero austeras,  se distinguía  fácil entre los demás, recuerdo que parecíamos un grupo de chivos rumbo al matadero, jóvenes inseguros que tartamudeaban y jugueteaban con cualquier cosa nerviosamente. El no, parecía un adulto desgarbado, seguro de si mismo, hablaba con las personas mayores y administradores como si fueran cualquier cosa, se veía acostumbrado a hacerlo, era raro en realidad.

Compartimos un taxi una ves que tuvimos que hacer un tramite para la escuela, teníamos que pagar no se que cosas en un banco y teníamos poco tiempo. De regreso compartimos el taxi, yo lo pague recuerdo, solo dijo -yo invito el próximo-, así era, no le gustaba deber nada. En la facultad andaba solo, siempre con un acertijo entre los ojos, lo veíamos caminar con su eterno cigarro y sus audífonos ausente del mundo real, pero siempre atento, mirando a las personas con detenimiento pero sin interés. Se sentaba cerca de la puerta, junto a una ventana, alejado de los demás, sólo un joven callado se sentaba cerca de el y no cruzaban palabra. Yo me sentaba atrás y en medio, era extraño ver como giraban las cabezas los compañeros cada vez que el hablaba. Compartimos poco en realidad, una vez lo acompañe hasta el cuarto que rentaba a una familia, era un cuarto pequeño, había muchos libros y papeles en todas partes, en la parte mas alta del escritorio, una foto de su novia lo vigilaba todo, -¿La novia?- pregunte mientras levantaba el portarretratos, -La ex- murmuro, quitándome de las manos la imagen y colocándola en el mismo lugar, -Y la actual- aventure, -Es la única- me dijo perdiéndose en la imagen de esa mujer de ojos grandes, su respuesta a pesar de la familiaridad con que la dijo ponía fin a la conversación, recogimos unas cosas y salimos. Decía poco de ella. Cuando le preguntaba un brillo extraño se le metía en los ojos, brillo como piedra o como animal, me decía dos o tres cosas y callaba, parecía como si la protegiera, como si al pronunciar su nombre, este se le fuera a escapar con las palabras, muchos meses pasaron antes de saber su nombre, nunca me dijo lo que pasaba, iba yo adivinando esa historia de amor a pedazos.

 

En una ocasión fuimos a la playa, a mi no me gusta la playa, el calor insoportable y la arena metiéndose en todas partes siempre me han disgustado. Pero el parecía otro, cambió totalmente, llegamos a una ciudad pequeña temprano en la mañana, de ahí al mar habían apenas unos treinta minutos, pero era tan temprano que los taxis y los colectivos todavía no empezaban a trabajar, -Desayunemos y luego nos vamos- le dije, rendido por el viaje de casi ocho horas desde nuestro pueblo en las montañas, giro y me vio a los ojos, ahí estaba de nuevo ese brillo de animal extraño, casi me doblo a carcajadas al ver su rostro, parecía un niño viendo su regalo de navidad colgar de lo mas alto del arbolito, -No, nos vamos- me dijo, con esa cara de asesino. Una camioneta pasaba en ese momento, se le adelantó y colgándose de la puerta cambio unas palabras con el hombre que manejaba, de repente volteo así mi y me apunto con el pulgar, el chofer me miro divertido y asintió, –Nos vamos- dijo mientras venia hacia mi, levanto su maleta verde y vieja, y se trepo a la caja de la camioneta, yo iba a atrás divertido, -Tienes mucha suerte cabrón.- le dije una ves arriba, -No hombre, te tengo a ti que andas buscando a tu novia- casi me parto de la risa, el me vio con ojos asustados y volteo hacia el conductor, -Cállate menso, que tu novia se escapo con tu primo- me dijo mientras se reía a carcajadas, yo apenas me contuve al ver al conductor viéndome con tristeza. Así era él, siempre conseguía lo que quería, de una u otra forma lo conseguía, tenia una no se que facilidad con las personas. Mas adelante íbamos en el camino con el sol de la costa mordiéndonos la piel, y de la nada, voltea hacia mi y me dice –El mar-, no se veía el mar, a los lados de la carretera solo habían árboles enormes y hierba altísima, lo mire aburrido, -Ya casi, maldito pescador este-, -El mar- repitió y se paro agarrándose de los tubos de la camioneta, levanto el brazo y señalo, yo me pare y ahí estaba, una franja de un azul oscuro se extendía lejana entre las montañas, me perdí un momento contemplando ese mar hermoso y luego lo mire interrogante, -Huele- dijo y siguió mirando.

Nunca he vuelto a ver nadie tan emocionado, el hombre de la camioneta nos dejo cerca de la costa, solo teníamos que caminar tal vez medio kilómetro, hasta la playa, al bajarnos él se despidió levantando una mano, el conductor contesto gritándome

 –Cuando los encuentres párteles su madre- yo solo lo mire alejarse, un segundo después voltee hacia mi amigo –Pues a caminar- no lo encontré, el maldito ya había corrido hacia el mar sin esperarme. Lo alcance a medio camino, tenia ese brillo en los ojos, divertido pregunte -¿En serio te gusta el mar verdad?- no contesto, sonrió como un niño y hecho a correr de nuevo, llegando a la playa tiro sus cosas y quitándose la ropa en el camino se lanzo contra una ola enorme que rompía en ese momento –Ya se partió la madre- pensé mientras me quitaba los zapatos, un momento después surgió de la resaca de la ola como un loco soltando golpes al agua y volviendo a zambullirse. Así estuvo cerca de una hora, en ese tiempo yo ya había conseguido el primer paquete de cervezas y me tomaba la tercera recostado contra una palmera. Salio agotado pero feliz, a unos pasos de mi se dejo caer sobre la arena planeando como un avión kamikaze –yuummm pazz- grito al aporrear contra la playa entre mis risas. Un momento después disfrutábamos de las cervezas bajo el calor del medio día en la costa.

 –No se que tiene el mar que me pone así, nací en el, y siempre he de regresar a él, es como encontrarte con la exnovia que nunca dejaste de amar, que raro que pueda sobrevivir sin el, pero no sin ella.- me dijo mientras acariciaba la arena ardiente. Ese día conseguimos que la dueña de una de las palapas que vendían mariscos en la playa nos diera hospedaje en su casa, nos hicimos amigos en seguida, ahí era tan abundante el marisco y el pescado que la señora nos daba todo lo que queríamos comer por lo que le pagábamos de hospedaje y mientras le compráramos a ella las cervezas. Yo nunca fui buen tomador, un par de paquetes me ponían mas para allá que para acá y una reja era cama segura, pero mi amigo tomaba en cantidad y nuca parecía afectado, -Lo traigo en la sangre- me decía divertido viéndome bizquear. Una de esas noches fue cuando por fin me hablo de ella, el alcohol ya se le había subido creo, tenia la cara roja y los ojos perdidos en la playa oscura, estábamos en una mesa de la palapa, ahí habíamos estado todo el día, pero yo no había tomado nada pretextando una cruda atroz y pude contar mas de veinte cervezas vacías en la mesa. – ¿La extraño sabes?- afirmó mas que preguntó cuando sintió mi mirada, -¿La ex?- pregunte sorprendido al oír de ella, afirmo con la cabeza a forma de respuesta, – ¿Y por que no estas con ella? – seguí, – No se, existimos en mundos diferentes, a mi me gusta esto, la vida, sin mentiras a medias, la gente autentica y simple, ya ves siempre he estado en contra de los convencionalismos tontos de la sociedad, ella existe en otro mundo, un mundo de ideas de progreso, de tecnologías, de modas y de elitismos. Yo voto por el pueblo por las, por la gente, por las ideas, no por las cosas. Se que al final yo voy a terminar siendo un pobre diablo y ella triunfara, ¿que puedo ofrecerle si no creo en mi futuro? Al final el amor no lo puede todo, el dinero si. ¡Adoremos al dios don dinero!- termino diciendo mientras levantaba su cerveza para brindar, nunca vio venir mi mano, de un golpe golpee su cerveza lanzándola hasta la playa – Y yo que te creía mas inteligente, serás pendejo, el alcohol se te ha subido a la cabeza, deja de decir pendejadas-. Me miro entre sorprendido y divertido y estalló en una carcajada. -Vamos pero no te pongas así, dime mejor que piensas- empecé a reír yo tambien…

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Una respuesta a Perdidos…

  1. *°YuNuEmCiTa°* dijo:

    Hace frío… mucho frío de hecho. Pero este frío me hizo recordar aquel lapso  que me invade de una nostalgia enorme pero al mismo tiempo de una gran felicidad, son de esas cosas que sientes que no puedes explicar fácilmente con palabras. Estas líneas tuyas me llevaron hacia ese cuarto pequeño, lleno de libros y papeles por todas partes, de ese olor a cigarro y por supuesto de ese retrato de ella contigo, de esas noches igual o peor de frías que ésta en donde conversábamos de ella, de lo que sientes, de lo que añoras, de lo que deseas y de lo que aborreces.
    Tú, que eres un hijo del mar, de la arena y del sol, irónicamente el frío me hace recordarte… y Yo me doy cuenta de que te extraño, extraño esa espalda en donde sumergía mis manos heladas para que se calentaran y de los gestos que hacías cada vez que las ponía en ese pedazo de piel tibia; extraño las pocas ocasiones en que esas manos calentaban mis pies fríos; extraño el hecho de que entraras a mi cuarto a molestarme cuando leía; extraño las salidas con mis amigas al café y aquellas charlas, extraño ese espacio en el tiempo en dónde podías hacer mil cosas, sin prisas, sin preocupaciones. Hoy me doy cuenta, que a pesar de que fue muy corto, extraño aquel tiempo.

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